La crueldad de Hamás no tiene fin

30/May/2024

Enlace Judío México- por Betina Haiat

Enlace Judío México- por Betina Haiat

En los últimos días el ejército israelí ha logrado rescatar un total de 7 cuerpos, más bien, los restos de los cuerpos de víctimas inocentes capturadas por Hamás el 7 de octubre, entre ellos el mexicano Orión Hernandez. Aparentemente todos ellos fueron asesinados el mismo 7 de octubre. Sin embargo, durante 225 días para unos y 232 días para otros, sus familiares albergaban la esperanza de encontrar con vida a su ser querido: un hijo, una hija, un padre, un nieto, una nieta, un hermano, una hermana, un esposo o pareja, un amigo, una amiga…

Es innegable la angustia y la agonía de despertar cada mañana, si es que uno pudo conciliar el sueño, pensando que ese día pudiera ser cuando por fin podrá volver a ver a su ser querido, abrazarlo, mirarlo a los ojos, decir un “te quiero”… pero a la vez despertar también con el miedo de recibir la noticia de que su ser querido es uno de los muchos muertos de entre las personas secuestradas desde el fatídico sábado negro.

Estos sentimientos angustiantes, la incertidumbre, la oscuridad total sobre el destino de su persona querida los acompaña en cada momento, y quizá aún más durante las interminables noches. Y esto, durante casi 8 meses lidiando con la impensable idea de vivir sin saber a lo cierto si su ser querido vive, sufre, es torturado, lastimado, padece hambre, es sistemáticamente violada, está embarazada… o lo peor si está muerto y si si ¿desde cuándo? ¿Será que fue al momento y no tuvo tiempo de realizar lo sucedido o murió asesinado por los golpes infligidos a su persona, o por tortura o por hambre?…

Todas son conjeturas, o sus peores pesadillas, pero también abrigando en el fondo el anhelo de que quizá todo esto no sea verdad y de que su ser querido regresará pronto sano y salvo.

Y es por estos tantos días de una pesadilla interminable que me asombra pensar en la crueldad sin fin de sus captores, los terroristas de Hamás, que, aun sabiéndolos muertos, permite que sus seres queridos vivan hasta hoy este calvario, esta tortura, este sufrimiento en este caso durante casi 8 meses.

Si es sabido que los rehenes, desde su captura, aún los asesinados han sido la mayor arma, el mejor botín, la moneda de cambio para la organización terrorista Hamás… Y claro que, para liberarlos, juegan dando esperanza a través de mediadores, pidiendo intercambiarlos por criminales en condiciones imposibles de cumplir, porque en realidad a Hamás no le interesa tener a sus criminales de vuelta, a diferencia de nosotros donde una vida lo vale todo aún cuando se trate solamente de un cuerpo sin vida.

Así que saberlos muertos desde un principio y no anunciarlo es un acto de sadismo extremo. Refleja la insensibilidad total hacia el sufrimiento humano, un deseo profundo de dañar la psique de todo un pueblo, de torturarlos sin piedad.

Porque desafortunadamente estos “seres” carecen de humanidad, carecen de la más mínima empatía, compasión y sensibilidad hacia lo humano… Su deseo es lastimar, destruir, penetrar en lo más hondo de la sociedad israelí y dañarla lo más posible. Las únicas pruebas de vida que han enviado son algunos videos donde los rehenes se ven totalmente demacrados y muy posiblemente obligados a decir monstruosidades en contra del gobierno israelí.

Para la religión judía recuperar el cuerpo de un ser querido es indispensable para permitirle su descanso eterno.

Una concepción muy diferente de la del islam donde la muerte en la guerra santa (así nombrada por ellos para lograr la destrucción del Estado de Israel) es la forma de alcanzar la redención, por lo cual ya el cuerpo no tiene ninguna importancia. Tanto es así que no se ha visto nunca el que los terroristas reclamen los cuerpos de sus muertos en ataques terroristas. Para ellos la ascensión al paraíso es automática.

Y es en esta lucha ideológica, en estas diferencias tan abismales entre la concepción de vida y muerte que se encuentra el drama de los secuestrados.

No olvidemos que todavía permanecen cautivos 128 personas, seres humanos de las cuales nos sabemos quiénes están muertos y quiénes vivos.

Una ruleta rusa que se vive por toda una nación por 235 interminables días.